Trump impone aranceles: Europa cede, EE.UU. paga el precio
La Unión Europea ha aceptado aranceles del 15% en un nuevo acuerdo con EE.UU., a cambio de un aumento en las compras de energía y armamento. Aunque este paso busca reducir tensiones comerciales, el verdadero peso económico recae en las empresas y consumidores estadounidenses, que ya están absorbiendo el 90% de estos gravámenes.
Según Piper Sandler, en junio las empresas importadoras asumieron el 59% de los aranceles y los consumidores, el 30%, a través de precios más altos. Solo un 10% del impacto afecta directamente a exportadores europeos. Muchas compañías están sacrificando márgenes para amortiguar el golpe, pero según la Fed y la Reserva Federal de Nueva York, la carga terminará trasladándose al consumidor final con consecuencias inflacionarias en los próximos meses.
El ejemplo de D’Addario, fabricante de cuerdas de guitarra, ilustra esta situación: con un coste estimado de 2,2 millones de dólares en aranceles, ya prepara subidas de precios y estrategias de reexportación para mitigar el impacto.
Desde JP Morgan estiman que esta política arancelaria podría aumentar el IPC de EE.UU. entre 0,2 y 0,3 puntos y limitar el crecimiento económico al 0,5%-0,75% en el segundo semestre. Para la Fed, esto implica adoptar una postura más cautelosa respecto a futuros recortes de tipos.
En Europa, aunque el golpe es menor, no pasa desapercibido. Se espera que el PIB de la eurozona caiga entre 0,1 y 0,4 puntos, con Alemania como la economía más afectada. El nuevo equilibrio arancelario genera incertidumbre, especialmente ante posibles nuevos frentes, como la investigación sobre el sector de semiconductores.
En definitiva, aunque la UE ha cedido formalmente, el nuevo marco comercial opera como un impuesto interno para EE.UU., reduciendo la rentabilidad empresarial, afectando al consumidor y frenando el crecimiento económico, mientras la incertidumbre sigue marcando el rumbo global del comercio.
