Liderar con Integridad en Tiempos Tóxicos

Pieza de ajedrez tipo reina en color dorado sobre un tablero de cuadros, con fondo negro y enfoque dramático.

Liderar con Integridad en Tiempos Tóxicos

Cuando resistir es dirigir: ética, dignidad y liderazgo en entornos empresariales disfuncionales

A lo largo de una trayectoria directiva, es común encontrarse con iniciativas que, en teoría, prometen innovación, impacto social y oportunidades de crecimiento. Sin embargo, detrás de algunos de estos proyectos laten estructuras anacrónicas, liderazgos autocráticos y culturas organizacionales marcadas por el desprecio hacia empleados y clientes.

Tuve la oportunidad —o, mejor dicho, el desafío— de asumir la dirección de un proyecto cuyo objetivo aparente era facilitar servicios financieros para comunidades migrantes en España. Un propósito noble: apoyar a personas que, con esfuerzo, intentaban mejorar la vida de sus familias mediante el envío de remesas. Pero tras ese discurso inspirador se ocultaba una realidad muy distinta.

Se trataba de una empresa familiar, controlada por un propietario extranjero y desde el extranjero, cuya visión empresarial se asemejaba más a una lógica colonial que a una de colaboración. El liderazgo estaba en manos de su hijo, nombrado CEO sin méritos, experiencia ni conocimiento del entorno español y pongo en duda sobre cualquier otro. Las decisiones estratégicas se tomaban con total desconexión cultural, ignorando factores sociales, regulatorios y operativos clave. Los empleados eran tratados como piezas desechables, los clientes como simples transacciones. Pedir 50 euros para una mejora operativa requería varios niveles de aprobación internacionales, mientras se autorizaban sin reparos gastos superfluos dictados por caprichos del CEO.

La tecnología era obsoleta, mantenida por desarrolladores mal remunerados traídos del extranjero, y el ambiente de trabajo, tóxico y desmotivador. En ese contexto, mi rol se volvió doble: asegurar el cumplimiento legal y ético del servicio, y proteger la dignidad de un equipo humano sistemáticamente humillado y desmoralizado.

Pronto comprendí que me enfrentaba a un caso de “Caballo Muerto”: un proyecto insalvable, sostenido por costes hundidos y decisiones irracionales. Durante seis meses, trabajé con la convicción de que incluso en los entornos más adversos, es posible ejercer un liderazgo basado en valores. Pero también entendí que cuando una cultura corporativa está estructuralmente podrida, el margen de transformación desde dentro es nulo. Decidí salir. Con la conciencia tranquila, el currículum actualizado y la certeza de haber defendido lo correcto.

La empresa no tardó en colapsar. Su modelo, basado en la explotación, el autoritarismo y la falta de respeto, era insostenible. Mientras tanto, otras compañías del sector que apostaron por la ética, el conocimiento local y el respeto al talento prosperaron. Curiosamente, algunos profesionales lograron escabullirse del naufragio maquillando sus trayectorias para integrarse en empresas sanas, mientras los trabajadores más honestos y comprometidos sufrieron los efectos del cierre: despidos, desempleo y desilusión.

Un caso paradigmático: cuando la desconexión cuesta millones

Este tipo de errores no es exclusivo de empresas pequeñas o familiares. British Home Stores (BHS), una histórica cadena del retail británico, es un ejemplo de cómo el nepotismo, la desconexión cultural y la falta de liderazgo ético pueden hundir incluso a gigantes. Tras años de mala gestión y decisiones irresponsables, colapsó en 2016 dejando una lección clara: ningún tamaño empresarial es inmune al deterioro ético y estratégico.

Lecciones para líderes y organizaciones

  • La ética no es opcional: Es una condición básica para la sostenibilidad del negocio.
  • El respeto a empleados y clientes no es debilidad, es inteligencia empresarial.
  • El liderazgo responsable implica resistir: A veces, liderar es mantenerse firme en la defensa de principios fundamentales, incluso cuando todo alrededor invita a lo contrario.

Porque liderar, en definitiva, no es solo gestionar. Es asumir la responsabilidad de construir organizaciones que merezcan la lealtad de sus equipos, la confianza de sus clientes y la legitimidad de su impacto.