Huevos: el nuevo lujo. Prepárate para

Huevos: el nuevo lujo. Prepárate para hipotecar tu tortilla

De plato popular a símbolo de inflación: la gallina manda y tú obedeces

Voy al supermercado y me encuentro con que la docena de huevos cuesta más que una botella de vino decente. ¿En serio? Antes eran el recurso barato para salir del paso, ahora parece que hay que pedir financiación para hacer una tortilla de patatas. ¿Qué demonios pasó para que el humilde huevo se convierta en objeto de deseo?

La respuesta es una tormenta perfecta: gripe aviar que se llevó por delante millones de gallinas, costes disparados con el pienso subiendo más de un 25%, energía que parece cotizar en Wall Street y una sequía que encarece hasta el aire. Súmale las normativas europeas que han convertido a las gallinas en auténticas influencers del bienestar animal: sin jaulas, con espacio, casi con spa incluido. ¿Resultado? Menos producción, más costes y un precio medio que supera los 3,20 euros la docena, mientras los ecológicos rozan los 5. Y no, no esperes que esto sea temporal.

Porque aquí viene la parte dramática: aunque la gripe aviar desaparezca y el pienso baje, el precio no volverá a ser el de antes. Las inversiones en bienestar animal son irreversibles, la densidad productiva se ha reducido y el mercado se ha concentrado en manos de grandes productores que no tienen ninguna prisa por bajar márgenes. Además, el huevo ha cambiado de categoría: ahora es “premium”. Cuando algo sube y la gente lo sigue comprando, ¿por qué bajaría? Exacto: no lo hará.

Mientras tanto, los hábitos de consumo en España se tambalean. Cada persona se come unos 126 huevos al año, pero la tortilla empieza a sentirse como un capricho de domingo en lugar de un básico diario. El 70% de los hogares compra huevos camperos o ecológicos al menos una vez al mes, porque claro, queremos gallinas felices aunque nuestro bolsillo llore. Algunas familias ya reducen la frecuencia y sustituyen por legumbres o pollo, pero la realidad es que la tortilla sigue siendo un símbolo cultural… ahora con sabor a lujo.

¿Soluciones? Comprar en mercados locales, aprovechar ofertas, congelar huevos batidos, alternar proteínas y planificar para no desperdiciar. Pero seamos sinceros: todo esto suena a manual de supervivencia para seguir comiendo lo que antes era lo más normal del mundo. La pregunta es: ¿seguirá siendo la tortilla el plato nacional o acabaremos pidiéndola en restaurantes con carta y maridaje? Porque si esto sigue así, pronto hablaremos de “huevos al punto” como si fueran solomillo.