El consumo de los hogares pierde

El consumo de los hogares pierde fuerza y refleja un menor avance del bienestar en España

Aunque la economía española sigue creciendo, los datos sugieren que esa mejora no se está trasladando con la misma intensidad al bienestar de los ciudadanos. Según un análisis de CaixaBank Research, el consumo efectivo real per cápita —un indicador que mide lo que realmente consume cada persona descontando la inflación y teniendo en cuenta servicios públicos como sanidad o educación— apenas ha crecido un 0,8% anual desde la pandemia, frente al 2,3% registrado entre 2013 y 2019.

La principal explicación está en el impacto de la inflación. El fuerte encarecimiento de la energía, los alimentos y otros bienes básicos entre 2021 y 2023 redujo significativamente el poder adquisitivo de los hogares, limitando su capacidad de consumo pese a la buena evolución del empleo y del crecimiento económico. Como resultado, el PIB ha seguido avanzando, pero la percepción de mejora económica en muchas familias ha sido mucho más moderada.

Otro cambio relevante es que el consumo ya no está impulsado principalmente por el aumento de la renta, como ocurrió tras la crisis financiera. En los últimos años, las ayudas públicas, prestaciones y transferencias del Estado han desempeñado un papel clave para sostener el gasto de los hogares y amortiguar el impacto de los shocks económicos. Al mismo tiempo, las familias han mantenido niveles de ahorro superiores a los de la etapa previa a la pandemia, reflejando una mayor cautela ante la incertidumbre.

Para empresas y profesionales, esta tendencia ofrece una lectura importante: un crecimiento económico sólido no garantiza automáticamente una mayor capacidad de gasto de los consumidores. En un entorno donde el poder adquisitivo sigue bajo presión, comprender cómo evolucionan realmente los hábitos de consumo será fundamental para adaptar estrategias comerciales, inversiones y previsiones de negocio.