España juega con once empresas. El comité de dirección se queda en el hotel
He convocado empresas, no discursos: once compañías capaces de defender caja, mover datos, construir país y marcar goles comerciales fuera de España.

Una alineación editorial 4-2-3-1: once titulares, ninguna empresa de relleno y cero suplentes de cortesía.
Un Mundial de 48 selecciones… y una convocatoria empresarial sin puestos para todos
El Mundial de fútbol de 2026 ha reunido a 48 selecciones entre Canadá, México y Estados Unidos, desde el 11 de junio hasta la final del 19 de julio. Mientras medio planeta discute alineaciones, España también podría preguntarse qué once llevaría a un campeonato mundial de empresas.
No se trata de elegir simplemente las compañías que más facturan. Un equipo con once delanteros vende muchas camisetas y defiende fatal. La selección necesita funciones complementarias: alguien que proteja la caja, una defensa capaz de construir activos, un centro del campo que conecte datos y operaciones y un ataque con marcas que sepan ganar clientes fuera de casa.
La convocatoria es necesariamente subjetiva. No premia simpatías, cotizaciones de una semana ni cercanía al palco. Busca alcance global, ejecución, músculo financiero y una ventaja difícil de copiar. Y sólo hay once titulares: en un Mundial serio, el comité asesor no ocupa dorsal.
Antes de repartir camisetas: qué entra en la convocatoria
El tamaño importa, pero no basta. Para jugar este partido hace falta demostrar que la empresa puede competir internacionalmente, ejecutar con disciplina, invertir durante ciclos largos y ofrecer algo que el rival no replica con dos consultores y una licencia de software.
También cuenta el encaje. Una empresa excelente puede quedar fuera porque otra cubre mejor una posición. La selección no pretende decidir quién es “la mejor empresa de España”, una discusión tan productiva como elegir al mejor tenedor de un restaurante. Pretende formar el equipo más equilibrado para competir en un escenario global.

La convocatoria combina dimensión, ejecución, resistencia financiera y una ventaja diferencial real.
Portero: Banco Santander, manos grandes y obsesión por el marcador
En la portería coloco a Banco Santander. En 2025 ganó 14.101 millones de euros y alcanzó 180 millones de clientes. Es una entidad con escala internacional, capacidad de financiación, disciplina de riesgo y experiencia jugando en estadios donde la afición no habla español.
Un portero empresarial no sólo evita goles. Ordena la defensa, sostiene la confianza y aparece cuando el partido se complica. Santander aporta balance, red comercial y capacidad para financiar al resto del ecosistema. No siempre será el jugador más querido por la grada, pero nadie organiza un Mundial corporativo pagando a treinta días con entusiasmo.
Defensa: Ferrovial, ACS, Iberdrola y Cellnex
En el lateral derecho, Ferrovial. Opera infraestructuras complejas, cruza fronteras y sabe que una concesión se gana antes de inaugurarla: diseñando, financiando y operando durante décadas. Es la salida limpia desde atrás.
Como primer central, ACS: casi 49.848 millones de euros de ventas y una cartera próxima a 92.858 millones en 2025. Es potencia de proyecto, escala y capacidad para ejecutar obras que no caben en una nota adhesiva.
A su lado, Iberdrola. Invirtió 14.460 millones de euros en 2025 y obtuvo 6.285 millones de beneficio neto. Energía, redes y electrificación: la defensa que da estabilidad al sistema mientras los demás celebran la posesión.
En el lateral izquierdo, Cellnex. Su infraestructura de telecomunicaciones es poco visible para el público y absolutamente decisiva para que el partido digital exista. En 2025 creció y generó 350 millones de flujo de caja libre. Es el jugador que cubre todo el campo sin pedir que le enfoquen cada cinco minutos.
Doble pivote: Telefónica y Amadeus, para que el balón y los datos lleguen
Telefónica ocupa el primer pivote. Cerró 2025 con 35.120 millones de euros de ingresos y cientos de millones de accesos. Conectividad, redes, cliente masivo y conocimiento de mercados regulados. Puede que lleve años escuchando que debe reinventarse, pero sigue siendo una infraestructura estratégica que conecta a la selección con el mundo.
A su lado, Amadeus. Es uno de los grandes sistemas operativos del viaje global: aerolíneas, aeropuertos, hoteles y agencias dependen de su tecnología. En 2025 alcanzó ingresos récord superiores a 6.500 millones. Es el mediocentro que rara vez aparece en la foto del turista, aunque participa en casi todas las jugadas antes del embarque.
El doble pivote tiene una misión sencilla: que la información llegue, que la operación no se rompa y que el equipo juegue con algo más fiable que la intuición del consejero delegado.
Mediapunta: Indra, tecnología para partidos que no admiten reinicio
El dorsal diez es para Indra. En 2025 elevó sus ingresos hasta 5.457 millones de euros y su cartera a 16.083 millones. Defensa, tráfico aéreo, movilidad, transformación tecnológica y sistemas críticos: juega donde equivocarse no significa repetir la presentación, sino detener una operación real.
Indra aporta tecnología soberana, conocimiento especializado y una posición cada vez más relevante en sectores estratégicos. Es el jugador que recibe entre líneas, interpreta el problema y tiene permiso para intentar el pase difícil. También debe demostrar que el crecimiento no se convierte en exceso de ego táctico: el diez está para hacer jugar, no para pedir el balón en cada diapositiva.
El diez está para hacer jugar. No para pedir el balón en cada diapositiva.
Extremos: Puig y Mango, marca, deseo y velocidad internacional
En la derecha, Puig. Superó los 5.000 millones de euros de ingresos en 2025 y mantuvo un margen EBITDA ajustado superior al 20 %. Ha construido marcas de belleza y perfumería capaces de competir globalmente en un sector donde el producto se fabrica, pero el deseo se dirige.
En la izquierda, Mango. Alcanzó 3.767 millones de euros de facturación y opera en más de 120 mercados. Tiene velocidad comercial, identidad de marca y una expansión internacional que combina tiendas, producto y canal digital.
Los extremos existen para desbordar. No necesitan poseer todas las fábricas ni todos los datos del mundo: necesitan conocer al cliente, crear preferencia y convertir una propuesta española en una compra internacional sin pedir disculpas por el acento.
Delantero centro y capitán: Inditex
La camiseta nueve y el brazalete son para Inditex. Cerró 2025 con 39.900 millones de euros de ingresos y 6.200 millones de beneficio. Su ventaja no es sólo vender moda: es coordinar diseño, información, logística, tienda y capital con una velocidad que durante años ha obligado al sector a perseguirla.
Inditex remata porque transforma lectura del mercado en caja. También presiona, rota el producto y entiende que una marca global no se mantiene viviendo de una campaña brillante de 2018. Es un delantero con cadena de suministro, disciplina financiera y llegada a decenas de mercados.
En el Mundial corporativo no gana quien tiene el anuncio más emotivo. Gana quien convierte atención en ventas, ventas en margen y margen en capacidad para volver a competir.
Qué dice este once sobre España
La alineación revela una fortaleza bastante española y poco celebrada: sabemos construir, operar infraestructuras, gestionar redes, desarrollar tecnología aplicada y crear marcas internacionales. No somos únicamente turismo, sol y una presentación sobre innovación con fotografía de banco de imágenes.
También muestra una carencia. El equipo depende mucho de grandes compañías consolidadas y de sectores intensivos en capital. España necesita generar más empresas tecnológicas capaces de escalar globalmente, más industria avanzada y más medianas compañías que no se conformen con ser líderes de una provincia.
La selección de hoy puede competir. La cantera decide si dentro de diez años seguiremos convocando a los mismos veteranos porque nadie preparó el relevo.
España tiene empresas de Champions. La cantera decidirá si esto sigue siendo verdad dentro de diez años.
La charla del vestuario
Al equipo le pediría cuatro cosas. Primera: jugar fuera sin complejo. Segunda: defender el margen; facturar mucho para ganar poco es posesión estéril. Tercera: compartir tecnología, proveedores y talento cuando exista una oportunidad común. Cuarta: dejar en el hotel la burocracia interna, las guerras de poder y las reuniones que terminan convocando otra reunión.
El rival internacional no espera a que terminemos de alinear a Finanzas, Legal, Marketing y Operaciones. Mientras discutimos quién es dueño de la oportunidad, alguien ya ha disparado a puerta.
Conclusión: España tiene equipo; falta jugar como selección
Este once reúne empresas con capacidad real para competir, invertir, innovar y vender fuera. Pero once grandes nombres no forman automáticamente una selección. Hace falta cooperación, ambición internacional, una política económica estable y una cantera empresarial que premie la productividad más que la proximidad al palco.
El Mundial corporativo no se gana colocando logos en una camiseta. Se gana ejecutando mejor que el rival durante noventa minutos, tres prórrogas regulatorias y una tanda de penaltis financieros.
España tiene jugadores de Champions.
Ahora sólo falta que deje de dirigir el partido como una reunión de comunidad de propietarios.

Buen once titular; la cantera y la burocracia siguen condicionando el resultado.

