Alivio empresarial tras la segunda marcha atrás de Hacienda con Verifactu… salvo para las pymes que ya lo habían pagado.
La nueva prórroga de Verifactu ha generado un doble sentimiento en el tejido empresarial español. Por un lado, un evidente alivio entre pymes y autónomos que temían no llegar a tiempo a la fecha prevista. Por otro, frustración entre quienes ya habían invertido recursos para cumplir con la normativa a 1 de enero de 2026—como Cristina, de la carpintería familiar Fustería ONA, que lamenta haber consumido parte de una subvención que ahora queda infrautilizada por el cambio de planes.
Hacienda ha retrasado nuevamente la obligatoriedad del sistema: las empresas sujetas al impuesto de sociedades tendrán hasta enero de 2027, y los autónomos hasta julio del mismo año. El objetivo sigue siendo el mismo: avanzar hacia un sistema de facturación más trazable, transparente y automatizado, alineado con la ley antifraude. Pero la implementación, compleja y costosa para muchos, vuelve a necesitar tiempo.
La decisión, impulsada políticamente y respaldada por asociaciones como ATA o el Consejo General de Gestores Administrativos, pretende dar margen a empresas saturadas, proveedores informáticos desbordados y profesionales con competencias digitales desiguales. Patronales como Pimec insisten en que el periodo adicional debe aprovecharse para aclarar definitivamente quién debe acogerse al sistema y cómo hacerlo sin generar más confusión. También ponen sobre la mesa un punto clave: reconocer —con incentivos fiscales— a quienes ya han cumplido con la adaptación.
Casos como el de Antoni, carnicero y presidente del gremio catalán, ilustran el esfuerzo realizado: inversión en balanzas, software y mantenimiento, con la tranquilidad de que Verifactu aportará orden y equidad, pero con la convicción de que el sector necesitaba más tiempo para llegar preparado.
Para los profesionales y empresas, este nuevo escenario plantea dos retos claros: mantener el impulso de adaptación sin caer en la fatiga de los cambios de última hora, y aprovechar el margen para planificar mejor, evaluar proveedores y optimizar la inversión tecnológica. La oportunidad está en convertir la prórroga en una ventaja estratégica, no en un periodo muerto.
En definitiva, Verifactu llegará, pero más tarde. Y aunque estos giros pueden generar incertidumbre, bien gestionados permiten a las organizaciones reforzar procesos, profesionalizar su facturación y prepararse para un 2027 en el que, salvo nuevas modificaciones, coincidirán dos grandes cambios: Verifactu y la factura electrónica obligatoria.
