DeepSeek: la IA china que transforma China y preocupa al mundo
En solo medio año, DeepSeek ha pasado de ser un experimento local a convertirse en uno de los avances tecnológicos más disruptivos de la inteligencia artificial. Su impacto en China ha sido fulgurante: los tribunales de Pekín ya la usan para redactar sentencias en segundos, los hospitales de Fuzhou la emplean para explicar tratamientos médicos de forma clara a los pacientes, los departamentos de tráfico predicen atascos gracias a su capacidad de análisis y la policía de Shenzhen ha logrado localizar a fugitivos y personas desaparecidas en cuestión de horas. Uno de los casos más sonados fue la captura de una mujer prófuga durante 15 años, identificada en medio de un espectáculo multitudinario gracias al reconocimiento facial integrado en esta plataforma.
La expansión de DeepSeek no se limita al ámbito público. Empresas estratégicas como Alibaba, Tencent, Huawei y los tres grandes operadores de telecomunicaciones chinos (China Mobile, China Telecom y China Unicom) han incorporado sus modelos a servicios de atención al cliente, gestión interna e incluso a vehículos eléctricos. Su bajo coste y modelo de código abierto han democratizado el acceso a la IA, permitiendo que tanto grandes corporaciones como pequeñas y medianas empresas puedan aprovechar sus capacidades de análisis y automatización. Este factor ha hecho que DeepSeek se perciba como un catalizador de la digitalización y la modernización económica de China.
El respaldo político ha sido determinante. Liang Wenfeng, fundador de la startup, recibió el apoyo explícito de Xi Jinping en una cumbre con magnates como Jack Ma o Ren Zhengfei, un gesto que legitimó el proyecto y abrió las puertas de la rígida burocracia china. Con ello, DeepSeek no solo se convirtió en un éxito tecnológico, sino también en un símbolo de orgullo nacional y de independencia frente a Silicon Valley. Para millones de ciudadanos, representa la prueba de que China puede liderar el futuro de la IA.
Pero el fenómeno también ha desatado un terremoto global. La irrupción de DeepSeek provocó caídas bursátiles en gigantes tecnológicos estadounidenses y despertó temores en gobiernos de todo el mundo. Países como Australia, Corea del Sur, Italia, India o la República Checa han prohibido o restringido su uso en organismos públicos, alegando riesgos de seguridad y de transferencia de datos al Partido Comunista Chino. Organizaciones internacionales advierten de los peligros de su utilización en vigilancia masiva y del impacto en la libertad de expresión, ya que la plataforma opera bajo estrictos filtros de censura.
El caso de DeepSeek refleja con claridad cómo la inteligencia artificial ya no es solo un desafío tecnológico, sino también un instrumento de poder geopolítico. Entre la fascinación por su eficacia y el miedo a su potencial de control, la IA china se ha convertido en el epicentro de un nuevo pulso mundial. Para China, es un motivo de orgullo y una herramienta estratégica; para Occidente, una amenaza que evidencia cómo la inteligencia artificial se ha transformado en el nuevo campo de batalla por la influencia global.
